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#chiquitaroom
 
Queridas personas:

¿Cómo seguís? Vengo a asegurarme de que estáis bien (con la que está cayendo). No sé qué pensáis, pero tengo la sensación de que vamos demasiado a trompicones y no conseguimos mantenernos en equilibrio. Aunque en esta vida no haya mayor garantía que aquella de que a cada día le basta su propio afán, sigo convencida de que si cambiamos nuestra manera de mirar, y allá donde miramos, veremos y viviremos otras cosas. Probemos con prismáticos. Quizá logremos sorprendernos.

Hoy vengo acompañada de una mujer extraordinaria, que la artista Sara Agudo Millán ha estudiado e incluido en la investigación del proyecto To talk about trees. Una persona dulce y de voz suave que prefería caminar por la costa de Maine a acechar los pasillos del poder. Rachel Carson es una de las mejores escritoras de lo que las editoriales bautizaron como nature writing y una científica cuya capacidad para ver e imaginar la vida finalmente cambió nuestra relación con el mundo natural.

Gracias a ella comenzaron a consolidarse los movimientos ecologistas, se instauró el Día de la Tierra, se fundó la Agencia Estadounidense para la Protección Ambiental y se realizó una nueva legislación para regular el uso del DDT. Será siempre recordada por el libro La primavera silenciosa (1962), en el que denunció el uso indiscriminado de este pesticida, señalando sus dañinas consecuencias para la salud pública y la naturaleza. La vida de Carson demuestra que el compromiso individual, los principios y el trabajo duro, tienen el poder de cambiar el mundo. 

Al otro lado, os recomiendo fervientemente su obra más desconocida: El sentido del asombro (gracias, Sara). Un artículo dedicado a su sobrino y convertido en librito que pertenece ya al fondo de la biblioteca chiquita* y desafortunadamente no llegó a ser obra mayor porque el cáncer de pecho la detuvo en seco. Aún así, este texto es la clave filosófica de su legado, que más allá de revelar las agresiones a la naturaleza, nos enseña que no hay mejor manera de preservarla que experimentarla en toda su grandeza y cultivar la capacidad de sorprendernos como algo esencial para vivir. A continuación, algunas ideas más para este final de julio.

 

👉 Estamos en las dos últimas semanas para visitar la exposición To talk about trees antes de las vacaciones (paramos en agosto) y aún estáis a tiempo de venir a intercambiar esquejes, llevaros semillas para diseminar su espíritu o contemplar los dibujos y el mural elaborados por Sara, para reflexionar sobre dónde ponemos la atención y aquello que nos pasa desapercibido. También podéis comprar el libro homónimo que hemos publicado expresamente y recopila textos de fuentes muy diversas como noticias, entrevistas, canciones, poemas, tuits o pancartas de manifestaciones sobre nuestra relación con el mundo vegetal y la crisis climática. Está a la venta por 16€ y podéis reservar ejemplares firmados por la artista para ese Sant Jordi que nunca se celebró (ni se podrá celebrar mañana).
 

👉 Os invito a empaparos de árboles este verano. El baño de bosque o shinrin-yoku en japonés (森林 浴) es la práctica de visitar de forma pausada un bosque y sumergirse en él con los cinco sentidos. Esta terapia fue iniciada por la Agencia Forestal de Japón, que empezó a emplear el término acuñado por su director, Akiyama Tomohide, en 1982. La iniciativa surgió para dar valor a los bosques y curso a la demanda de contacto con la naturaleza, por una población urbana sometida a cada vez mayores y más intensos niveles de estrés.

Inspirada en tradiciones sintoístas y budistas que promueven la comunicación con la naturaleza, estudios científicos han demostrado que esta práctica beneficia la salud física y mental, y que ayuda a reducir la frecuencia cardíaca, la presión arterial, la producción de las hormonas del estrés, al tiempo que aumenta la inmunidad, mejora el estado de ánimo y la sensación general de bienestar. Aquí un extracto del libro que la holandesa Annette Lavrijsen dedica a esta práctica, y que fue traducido y donado a la biblioteca chiquita* por nuestra querida Patricia Valero.


 

👉  Nos quedamos en Japón para rescatar la banda sonora que os recomiendo para acabar el mes. Snowflakes Are Dancing es el primer álbum de estudio del compositor, intérprete y pionero de la música electrónica, Isao Tomita, publicado en septiembre de 1974. El disco en sí, es una compilación de grandes composiciones de Claude Debussy, pasadas por el tamiz de los sintetizadores y samplers de la época. Quizá encontréis aquí vuestra magdalena de Proust, como le pasó a servidora (gracias, Luis) al escuchar durante el confinamiento el tema Arabesque nº 1, que fue sintonía del programa Planeta imaginario. Una genialidad televisiva de la que quienes crecimos en los 80 tuvimos la suerte de dar testimonio. 
 
🐦 Hoy me despido con las alas de un pájaro libre. El poema Txoria txori, que el donostiarra Mikel Laboa convirtió en canción en 1969, tomando como base los versos de Joxean Artze de 1957.  
 
Hegoak ebaki banizkion
nerea izango zen,
ez zuen aldegingo.
Bainan,
honela
ez zen gehiago txoria izango
eta nik...
txoria nuen maite.

Si le hubiera cortado las alas
hubiera sido mío,
no hubiera escapado.
Pero así,
hubiera dejado de ser pájaro.
Y yo...
lo que yo amaba era al pájaro.

Con amor,
Chiquita 
*Aviso para navegantes, los libros de esta biblioteca son de préstamo gratuito para collectors de Chiquita Room. 

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📸 Créditos
1. Rachel Carson | American Experience | PBS
2. Meme incluido en el libro To talk about trees de Sara Agudo Millán.  
3. Parte del mural de la exposición y título del libro de Ursula K. Le Guin publicado en 1976. 
4. Isao Tomita, pionero de la música electrónica. 

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